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"Si usted tiene una biblioteca y un jardín, usted tiene todo lo que necesita", dijo el emperador romano Cicerón alguna vez. Y aunque en los tiempos de la Roma imperial las bibliotecas solían ser un privilegio reservado para las clases más altas, su frase  acumularía más y más validez a medida que las bibliotecas en el mundo empezaron a convertirse en instituciones públicas, para el disfrute de todos, para la educación de todos, por igual, ricos o no ricos.

En practicamente cualquier ciudad, incluso las pequeñas, de países desarrollados, las bibliotecas públicas son espacios importantísimos, en los que el gobierno local, e incluso las empresas privadas, ponen su trabajo conjunto al servicio de la comunidad. Esa tendencia se ha venido extendiendo, afortunadamente, a países en vía de desarrollo y por eso vemos como en Chile, o incluso en nuestro vecino departamento de Antioquia (Sí, querido lector, Boyacá tiene frontera con Antioquia), se inauguran más y más bibliotecas públicas de calidad.

El impacto de estas insitituciones es inmenso, y la percepción ciudadana es muy positiva: En un estudio publicado en 2011, el gobierno de los Estados Unidos reveló que el 70% de los ciudadanos cree que las bibliotecas públicas elevan la calidad de vida de la comunidad en la que viven, y el 96% afirma que, dado que las bibliotecas públicas proveen acceso al conocimiento, éstas juegan un papel importante en las posibilidades que las personas tienen de salir adelante en sus vidas.

En nuestro país existe una política pública de bibliotecas, que promueve el funcionamiento de estos espacios, y busca promover la lectura, el acceso al conocimiento y la generación de espacios culturales en los municipios.  De hecho, en la Ley de Bibliotecas Públicas (Ley 1379 de 2010), se habla del status de servicio público esencial que estas insitituciones tienen, se dan lineamientos sobre las alternativas de financiamiento que tienen los municipios para construirlas, y se enumeran los requisitos mínimos de calidad que deben reunir.

Por eso, resulta difícil comprender que en nuestra ciudad, Duitama con 120.000 habitantes, sólo exista una biblioteca pública registrada, de tamaño modesto y poca visbilidad para la comunidad:  la Zenón Solano, que aunque presta un servicio digno, se queda corta ante el potencial que se podría aprovechar si existiese un mayor número, y una mejor calidad de bibliotecas para nuestros ciudadanos.

Vale aclarar: Nos referimos a la oportunidad de que nuestra ciudad cuente con una biblioteca pública como las que tienen otras urbes medianas del país. como Neiva y Manizales. El mejor ejemplo es la nueva Biblioteca de Neiva, gestionada por el municipio ante el Banco de la República, construida en un área de 3.600 metros cuadrados y con una inversión de 9.900 millones de pesos; es un edificio imponente, eco-amigable, precioso, íconico y muy visitado (Ver las fotos haciendo click aquí).

Imagínemonos por un momento, el impacto que un proyecto de  grandes proporciones en esta materia, tendría para nuestra ciudad: El acceso de los duitamenses a la información en medios físicos y digitales, se incrementaría dramáticamente; el índice de lectura de la población crecería; las artes y el conocimiento harían parte regular de la vida de nuestros ciudadanos; y seguramente la arquitectura y el entorno urbano mejorarían de forma notoria. 

¿Qué hace falta para que nuestra ciudad pueda tener una bilbioteca pública de primerísimo nivel? Émpecemos por el diálogo entre ciudadanos, y seamos constructivos.







Santiago
2/5/2015 09:40:33 am

La Verdad es que a Duitama le falta una gran Biblioteca , ¿Pero en que lugar podría hacerse?

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Jorge
4/21/2015 10:49:14 am

Qué tal en el lote del actual Terminal de Transporte?

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