Fundación ProTundama - Editorial del mes
 
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Prácticamente todos los duitamenses sabemos de la existencia de las tradicionales ferias y fiestas que se suelen llevar a cabo en nuestra ciudad en el mes de Enero; la mayoría hemos asistido a alguno de los eventos que se realizan en este marco, y hemos sido testigos tanto de lo bueno como de lo malo que estas festividades generan.
 
Dentro de lo bueno, entendemos que este es un espacio cultural y de celebración, que tradicionalmente ha permitido a las personas disfrutar de diversos espectáculos de entretenimiento y esparcimiento, como ocurre en muchas otras ciudades del país. Además, es claro que las ferias y fiestas incrementan la actividad comercial de forma considerable, especialmente en el sector servicios, generando importantes beneficios económicos para muchas de las empresas prestadoras.
 
Respecto a lo malo, cada vez es más frecuente escuchar voces en la ciudad que afirman que la situación de orden público y seguridad ciudadana en torno a las ferias y fiestas cada año es peor, con todos los riesgos que esto conlleva para la vida y la integridad de las personas. Así mismo, la invasión del espacio público por parte del comercio informal durante las festividades, hace que la ciudad se torne caótica, y que la movilidad se vea afectada.
 
Precisamente por lo anterior, hay quienes proponen cambios urgentes en el modelo bajo el cual se realizan las ferias y fiestas de Duitama, así como también existen quienes defienden el esquema actual, resistiéndose a cualquier tipo de cambio. Cuando se presentan opiniones tan divergentes sobre una misma actividad, que impacta a prácticamente toda la ciudadanía, la experiencia en política pública demuestra que hay dos preguntas muy poderosas que pueden conducir a encontrar alternativas aceptables para todos; esas preguntas son:
  1. ¿Cuál es el objetivo común que tenemos al realizar esta actividad?
  2. ¿Cómo podemos seguir logrando ese objetivo, pero disminuyendo los riesgos y perjuicios?
En este caso, nos atreveremos a aventurar que el objetivo principal de las ferias y fiestas de Duitama debería consistir en dotar a la ciudad de un espacio cultural que permita a propios y visitantes, por un lado, disfrutar de espectáculos artísticos de alta calidad, y por otro, promocionar y enaltecer la cultura propia de la ciudad y del departamento, todo bajo el principio imperante de la sana convivencia y el respeto a las normas.
Si pudiésemos convenir que este, o uno similar, es el objetivo de la actividad, podríamos pasar entones a la segunda pregunta, y debemos entonces enumerar algunos de los riesgos y perjuicios derivados de la realización de las ferias y fiestas bajo el modelo actual:
  • El número de riñas callejeras, hurtos, episodios violentos y personas heridas aumenta exponencialmente.
  • El número de personas que consumen alcohol de forma excesiva y de ebrios al volante se dispara.
  • El servicio de emergencias del Hospital Regional se ve en dificultades para atender el volumen de pacientes que llega por causas violentas.
  • El desaseo es evidente, especialmente en la zona centro de Duitama.
  • La invasión del espacio público por parte de comerciantes informales dificulta la movilidad.
¿Cómo podemos entonces lograr el objetivo propuesto, disminuyendo estos riesgos y perjuicios? Seguramente con una combinación de factores lo podremos lograr, pero en nuestra opinión hay 3 elementos clave que se deben modificar para que nos podemos quedar con los positivo de las ferias y fiestas, y cada vez tener menos noticias negativas vinculadas a ellas.
 
Lo primero, y probablemente más importante, es que se tome la decisión de restringir el consumo  de alcohol en lugares públicos durante esos días. Seguramente será también la medida más impopular en un principio, pero será la de mayor impacto. Al igual que ocurrió con la ley seca en Colombia durante el Mundial de Fútbol Brasil 2014, habrá voces que se opongan, como las de las empresas patrocinadoras y algunos comerciantes, y otras que se escandalicen por no proponer la autorregulación en lugar de la restricción; pero lo cierto es que los resultados fueron exitosos y se evitaron miles de riñas, heridos y muertos, y también existen muchos actores de la sociedad civil que apoyan este tipo de medidas para salvaguardar la vida e integridad de los ciudadanos.
 
Lo segundo será establecer y socializar un reglamento claro para el desarrollo de las ferias y fiestas, en que se definan las normas bajo las cuales los empresarios y promotores de espectáculos, los comerciantes formales e informales, los conductores, caballistas, y la ciudadanía en general pueden participar de los eventos masivos que se organicen.  Y para hacerlo cumplir será necesario dotar con tiempo a la ciudad de suficientes efectivos de la fuerza pública y organismos de gestión de riesgo y emergencias.
 
Lo tercero, será revisar y ajustar la programación y socialización de la agenda de eventos, para asegurar que estos estén alineados con el objetivo general propuesto para las ferias y fiestas y cuenten con la debida organización. Por ejemplo, habrá que preguntarse cómo garantizar que la tradicional cabalgata sea más segura y mejor llevada, o si las corridas de toros son un espectáculo en el cual el municipio debería invertir dinero en lugar de hacerlo en otras actividades menos polémicas y más enriquecedoras en términos culturales.

Con todo lo anterior, esperamos que aflore un debate sano, razonable y constructivo sobre las Ferias de nuestra ciudad, para que a partir de 2017 podamos disfrutarlas en paz, y estemos orgullosos de la calidad y el nivel cultural con el que contaremos. Que bueno sería que a través de esta celebración, tanto propios como visitantes puedan comprobar que la nuestra sí es la Perla de Boyacá.




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