Fundación ProTundama - Editorial del mes
 
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El departamento de Boyacá vive inmerso en una interesante paradoja: Tal como lo revelaron los recientes resultados de las pruebas Saber 11, estamos entre los mejores en calidad de la educación a nivel nacional, y también somos líderes en cobertura; contamos con uno de los mejores Índices de Desarrollo Humano del país, y somos afortunados en tener una tasa de homicidios relativamente baja en comparación con el resto de Colombia; en general, nuestro departamento es un buen lugar para vivir. Sin embargo, nuestra economía no avanza, o al menos no a buen ritmo.

En 2012, el PIB del departamento creció tan solo un 1,3%, y en 2013 un 1,6% mientras que el promedio nacional fue de 4% y 4,3%, respectivamente; crecimos  alrededor de la tercera parte de lo que creció el país. Al compararnos con departamentos de gran dinamismo económico como nuestros vecinos Antioquia y Santander, o algunos del eje cafetero como el Valle, Risaralda y Caldas, vemos que todos nos superan en el  escalafón de competitividad de los departamentos de Colombia (2012-2013) y que aunque estamos en el rango medio, Boyacá permanece alejada de los primeros puestos en competitividad. Así mismo, las exportaciones de nuestro departamento son poco representativas a nivel nacional, y  están compuestas en un 97% por productos mineros como esmeraldas y derivados ferrosos.

Esto configura un caso muy curioso: ¿No nos hemos repetido acaso que la educación es la clave ¿para el crecimiento y el desarrollo de la economía? ¿Si somos primeros en educación, por qué no pasa lo mismo con nuestra economía local? Al respecto hay varias cosas para decir:

·         Si bien Boyacá es bueno en educación a nivel nacional, para nadie es un secreto que Colombia no se destaca precisamente por ser un país de alta calidad educativa (ver resultados de las pruebas PISA). Así que aunque los boyacenses tengamos motivos para sentir orgullo en este aspecto en el ámbito colombiano, hay que reconocer que el país, y por ende el departamento, todavía tienen mucho por mejorar.

·         Boyacá ha sido históricamente un departamento expulsor de población joven, ante las dificultades para ofrecer empleo a personas en edad productiva. Esto significa que una gran proporción de esos estudiantes que obtienen buenos resultados en nuestros colegios, tan pronto se gradúan buscan emigrar a otras zonas del país, y una vez culminan sus estudios, son pocos los que regresan a su lugar de origen. Esto ocasiona una pérdida neta de capital humano que no solo afecta a las ciudades, sino también al campo boyacense.

·         El dinamismo de una economía depende en gran medida de la existencia de políticas públicas y líderes en el gobierno que  estimulen el emprendimiento, la inversión, la productividad y el empleo formal. Desafortunadamente no hemos contado con administraciones que sean eficaces en este ámbito; más allá de esporádicos saludos a la bandera, Boyacá nunca ha implementado un plan serio y medible de dinamización de la economía a largo plazo.

·         Por último, una buena parte del empresariado boyacense ha tenido que enfrentar condiciones relativamente adversas en los últimos años: un rezago innegable en infraestructura vial y de servicios públicos, ni una sola zona franca operando en el departamento, ni un solo aeropuerto operando vuelos comerciales, un flujo de caja negativo para muchos productores agrícolas y una latente percepción de inseguridad han dificultado el fortalecimiento y la diversificación de nuestro tejido empresarial.

Con todo lo anterior, podemos afirmar que la situación de Boyacá prueba que aunque la educación es una parte importante –tal vez la más– del rompecabezas del desarrollo, no lo es todo. Boyacá debe seguir siendo líder en este aspecto; pero definitivamente no es suficiente, y en competitividad y dinámica económica persisten grandes retos para nuestro departamento.





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