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En las ciencias sociales, especialmente aquellas que estudian la interacción humana con el entorno natural, como la geografía, es común desde hace ya varios siglos el uso del término “ambiente construido”. Básicamente, esta denominación busca poner de presente que el ambiente en el cual los humanos vivimos tiene dos componentes principales:​
  • De un lado, el ambiente natural compuesto por todos aquellos recursos naturales que encontramos en nuestro hábitat, como por ejemplo: Los terrenos, con sus montañas y planicies, la vegetación, los cuerpos de agua naturales, las demás especies que habitan el ecosistema, y la pluviosidad, por nombrar algunos.
  • De otro lado, el ambiente construido, emerge de la capacidad humana para modificar el entorno, adecuándolo a sus necesidades y preferencias, y desenlazando la generación de asentamientos permanentes, dotados de infraestructura conformada por elementos como: Las casas y edificios, las vías, los acueductos, las plazas, los parques, los puentes, las redes eléctricas, los sistemas de riego y las redes de transporte, entre otros.

En general, prácticamente todas las poblaciones humanas encuentran un atractivo estético y funcional derivado del ambiente natural en el que viven. Los pobladores de una zona cálida pero árida dirán que les encanta el clima en el que viven, así no haya tantos cultivos; los de una zona fría, y de fértiles montañas, dirán que no cambian por nada el verdor de sus paisajes; los habitantes de una zona costera siempre verán al mar como el mejor de los regalos; e incluso quienes viven en los polos se maravillan con la belleza del hielo y el contraste con el azul del cielo.

Difícilmente se escuchará alguien diciendo que el paisaje natural del sitio donde vive no es hermoso. Seguramente lo es. Los boyacenses, por ejemplo, nos sentimos identificados al conversar sobre la belleza de nuestros paisajes, la infinidad de verdes que tenemos, los diversos pisos térmicos, el aire puro, los frutales, las lagunas, la fauna y la flora de lugares insignes de nuestro departamento.

Pero, ¿qué hay del ambiente construido? ¿Logramos modificar el ambiente en armonía con la estética natural que nos rodea? ¿Logramos construir municipios bonitos? Aunque en Boyacá tenemos la suerte de contar con algunos lugares con ambientes construidos notoriamente bellos dada su arquitectura colonial y la conservación del patrimonio que se ha logrado -como Villa de Leyva y Tibasosa- también tenemos serios problemas en la consecución de una estética urbana equilibrada en nuestras ciudades, que demuestre orden en el crecimiento, y piense los espacios como lugares en los que la gente pueda tener la mejor vida posible, ahora y en el futuro.

Salvo el interesante crecimiento de las zonas de expansión al norte de Tunja, en donde ha habido algunos logros notables en el desarrollo del ambiente construido, se podría afirmar que en nuestras ciudades se evidencian problemas derivados de una deficiente planeación urbana, y del privilegio del interés particular sobre el público. El caso de Duitama es tal vez, uno de los más preocupantes.

Duitama, que hace un par de décadas se sentía como una ciudad pequeña pero relativamente bonita, cada vez se ha ido deteriorando más por cuenta de la construcción desenfrenada y desordenada, las obras públicas mal ejecutadas, y la falta de ordenamiento en el uso del suelo. Hoy, la sensación respecto del ambiente construido en la mayor parte de la ciudad no genera orgullo sino preocupación, y es común percibir una rampante falta de criterio y autoridad en materia urbanística. Una de las más escandalosas e indignantes manifestaciones de ello es la proliferación de construcciones dejadas a medias, con las varillas de hierro por fuera, para una plancha adicional que nunca se construirá. ¿Podrá haber algo que afecte más la estética urbana que una construcción que se deja a medias? ¿Por qué se volvió esto tan común en nuestra ciudad, cuando en otras ciudades del país es difícil encontrarlo? ¿Acaso no hay ninguna autoridad que controle esto?

Así mismo, es común encontrar que muchas actividades comerciales se desarrollan en nuestro suelo sin ningún respeto por la estética de la ciudad: Talleres, parqueaderos, lavaderos y demás establecimientos simplemente rompen con la armonía del paisaje, y hacen que la percepción de quien va de pasada por la ciudad se vea deteriorada. La postal que muchos turistas se llevan de Duitama, en lugar de ser la del hermoso pueblito boyacense, o de la Plaza de Los Libertadores, es la de una Carrera 42 llena de aceite, llantas, ruinas de paredes y construcciones improvisadas.

Aunque se podrían enumerar muchas causas a las cuales atribuirles esta problemática en la ciudad, existen dos factores clave que ha determinado el mal camino que ha ido tomando Duitama en este sentido, y que amenaza hoy con convertirla en una ciudad irremediablemente falta de estética urbana:
  • La falta de un Plan de Ordenamiento Territorial (POT) moderno y eficaz que regule el uso del suelo, la dotación de infraestructura y espacio público, y las normas urbanísticas exigibles a los desarrolladores inmobiliarios en la ciudad. Este plan debe ir acompañado de un Plan Maestro de Movilidad que lo complemente y de soporte a un modelo sostenible de tráfico multimodal en el casco urbano, y en conexión con municipios vecinos.
 
  • El pésimo funcionamiento del esquema de curaduría urbana en la ciudad. No es conveniente que, como hoy, se mantenga un monopolio en que una única curaduría está facultada para otorgar las licencias y permisos de construcción; la ciudad necesita contar con al menos 4 o 5 curadurías, que tengan que competir, y sean coordinadas y vigiladas desde las Secretarías de Planeación e Infraestructura.Respecto al primer factor, afortunadamente Duitama, al igual que Paipa, tiene hoy la oportunidad histórica de lograr la formulación de un POT moderno con el acompañamiento del Departamento Nacional de Planeación (DNP) gracias a que las administraciones municipales realizaron la gestión de nuestra inclusión en la lista de ciudades priorizadas por esa entidad el año pasado.

Tristemente, todo parece indicar que no corremos con la misma fortuna frente al segundo elemento, el de las curadurías urbanas, pues por lo menos hasta hoy no parece haber ningún plan desde la Alcaldía de Duitama, de reformar este esquema en la ciudad. Sin embargo, desde ProTundama hacemos un firme llamado tanto a la Administración como al Concejo, para que se reforme dicho modelo, tal vez con base en los aprendizajes y ventajas de ciudades intermedias mucho más avanzadas en este asunto, como las del Área Metropolitana de Medellín, o Bucaramanga.

Si queremos que el ambiente construido en nuestra ciudad mejore, debemos cambiar la regulación y la operación de nuestro desarrollo urbanístico, desde lo público. Duitama no va bien en este aspecto, pero aún tenemos una última oportunidad de cambiar el rumbo. ¡Hagámoslo!